Educación vial: responsabilidad de los padres

“Los accidentes de tránsito se pueden prevenir” dice la Organización Mundial de la Salud (OMS). Por esta razón, es fundamental que los padres se vuelvan responsables de los nuevos conductores  que le brindan a la sociedad.

Todos los problemas que se desencadenan en la vía, incidentes, accidentes y malos ratos que vivimos son causa de la “educación”. En realidad somos “mal educados viales” y la educación empieza por casa.

La educación vial comienza en casa

De nada sirve aprender a conducir en una autoescuela, si no le agregamos un poco de la cultura y educación que nos dieron nuestros padres a las actitudes que mostramos en la conducción. Como padres debemos fomentar en nuestros hijos una adecuada “educación vial donde prime el respeto y la tolerancia.

Algunos de los parámetros que pueden fijar los padres son:

  • Recordarles la importancia de respetar siempre las normas de tránsito, también recordarles el significado e interpretación de cada una.
  • Enseñarles que nunca deben manejar bajo los efectos de las drogas y alcohol, y enumerarles todas las consecuencias que estas peligrosas prácticas pueden tener para sus vidas.
  • Inculcarle la importancia de evitar distracciones como los celulares y  otros elementos mientras se conduce.
  • Evitar conductas de riesgos como apostar carreras y exceder la velocidad en sitios peligrosos.
  • Permitir que los jóvenes conduzcan el vehículo en los horarios y momentos permitidos por sus padres.

Los padres influyen en la educación vial

La influencia de los padres comienza muy pronto. Son modelos para sus hijos, dirigen su comportamiento e influyen sobre ellos con su manera de actuar como conductores, ciclistas o peatones.

Los padres ayudan a sus hijos a comprender mejor las actitudes hacia la seguridad vial, tanto en la forma de dar ejemplo a sus hijos como en la manera de ayudarles en su aprendizaje.

¿Y qué pasa cuando ese ejemplo no es edificante? Si las malas prácticas frecuentes de los padres son  por ejemplo, hablar por el móvil mientras conduce, cruzar en rojo o por un lugar sin paso de peatones, superar los límites de velocidad o enfadarse con otros conductores, aunque la excusa más habitual sea “la prisa” o “el conocimiento del trayecto y la consideración de que no es peligroso” o que “el trayecto es corto”, tal vez la información que les estamos transmitiendo de forma inconsciente a nuestros hijos sea la culpable de tantos accidentes y de hechos de intolerancia e irresponsabilidad en las vías.

Sin negar la importancia de las  escuelas de enseñanza formales, ¿qué hay de esa educación vial cotidiana, la que damos cuando llevamos a un niño en el carro, cuando subimos con él a un transporte público o simplemente cuando paseamos por la calle? La educación vial es cosa de todos, pero debería comenzar por padres y madres concientizados por la seguridad de sus hijos.

La escuela y la formación vial

Las escuelas, colegios  y las universidades deberían considerar enseñar seguridad vial como parte de su responsabilidad con la sociedad. El trabajo conjunto entre la casa, la escuela y las autoridades viales, trae como resultado mejores conductores.

Una formación que empiece desde los primeros años. Ya en la escuela no enseñan a los niños sobre educación vial, mirar para todos los lados antes de cruzar las calles, identificar las señales de tránsito y su aplicación para peatones, conductores y demás actores de la vía.

Los primeros años de vida son esenciales para el desarrollo de la forma en que el niño piensa, siente, se comporta e interactúa con los demás. La formación de un niño en sus primeros años es determinante para toda su vida. Estudios demuestran que el 90 por ciento del cerebro de un niño se desarrolla en los primeros 5 años.

Este periodo es de crucial importancia, puesto que tiene lugar procesos neurofisiológicos que configuran las conexiones y las funciones del cerebro, las cuales definen en parte importante la naturaleza y la amplitud de las capacidades adultas.

Bueno pero todo esto debe reforzarse durante la primaria, básica, secundaria e incluso en la universidad, donde se logre sensibilizar aún más a los  individuos de las consecuencias que se originan en un accidente de tránsito concientizarlos de que en realidad son tragedias, donde hay pérdidas humanas, y más considerando que la muerte en accidentes de tránsito ocupa un lugar alto en las causas de muerte a nivel mundial, que en muchos países es considerado un problema de salud pública. De aquí la importancia que tiene la seguridad vial y la educación vial porque puede salvar vidas.

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