De rutas por el Mediterráneo Parte II: de Valencia al sur de Cataluña

En una anterior entrega les comentamos a cerca de las buenas condiciones que gozan las infraestructuras viales en países europeos, específicamente en el área del Mediterráneo Español y su rápido desarrollo de autopistas y carreteras paralelo al boom inmobiliario.

Existen decenas de combinaciones para ir de un punto “A” a un punto “B” en España, y posiblemente todas esas alternativas tienen algún tipo de “encanto” particular  que las hace  únicas.

Siguiendo la línea del artículo anterior, tomamos rumbo norte y nos dirigimos desde Valencia hacia Barcelona por carreteras secundarias, por donde ahorraremos el costoso peaje de las autopistas y disfrutaremos de un paisaje que cambia de árido a verde conforme nos acercamos a los Pirineos.

Mucho se ha comentado ya sobre el derroche de dinero público durante los años donde la economía era boyante y nadie se oponía a la creación de obras faraónicas o la organización de eventos, y nosotros ni queremos ni nos atañe –al menos en este blog- valorar esos hechos de la historia reciente de España. Lo que sí haremos es repasar cómo la creación de infraestructuras pude cambiar el modo en que nos desplacemos en auto y entendamos el paisaje urbano y rural tras el volante.

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Valencia: Fórmula 1 y otros vestigios de tiempos mejores

Hace algunos años, la FIA decidió que la ciudad de Valencia fuera la sede del Gran Premio de la Comunidad Valenciana / Gran Premio de Europa en un circuito de trazado urbano que mezclaba características del circuito de Mónaco y el de Singapur. Este circuito recorría parte de la ciudad, puerto y marina deportiva.

Luego de que la crisis llegara a España y las competencias de F1 arrojaran pérdidas astronómicas en Valencia, se retiró este Gran Premio, pero las mejoras en la vialidad de la ciudad quedaron y es posible recorrer con mucha precisión el mismo trazado que recorrieron los monoplazas o dar una vuelta por las anchas avenidas del Paseo de la Alameda y los puentes de l’Assut del’Or  y Montolivet en el mismo recorrido que Fernando Alonso, Pedro de la Rosa y Lewis Hamilton ofrecieron la exhibición de presentación de los McLarens en el 2007.  No te puedes perder este recorrido si eres fan de la F1 y quieres dar un paseo por los hermosos jardines del Turia y la Ciudad de las Artes y las Ciencias.

En la carretera al norte

Luego de probar el asfalto urbanos y sentirnos portadores de una superlicencia F1, nos ponemos rumbo a Barcelona, pero no por la rápida –y cara- autopista de peaje A7, sino más bien por la lenta (si llamamos 80 km/h lento) carretera nacional N-340 que alterna trechos de 15 o 20 km ininterrumpidos con algún semáforo rotonda /redoma.

Si bien las N-340 también atraviesa centros y cascos históricos de pueblos, existen desviaciones que permiten un tráfico rápido y fluido, pero si hacemos eso perderíamos parte del encanto de la ruta. Al fin y al cabo tenemos tiempo de sobra para disfrutar del paisaje, ¿No?

En la vía nos encontraremos con pueblos y pequeñas ciudades de tradición marinera como Sagunto, Xilxes, Burriana y Oropesa, donde se puede disfrutar de paseos agradables en buenos trechos justo al lado del mar y donde hay infinidad de parajes y miradores con pequeños restaurantes o “mesones” donde podemos degustar el modo que tiene cada pueblo de confeccionar la tradicional paella.

Paralela a la ruta costera existe la posibilidad de ir al norte de la Comunidad Valenciana rumbo a Cataluña por el interior de provincia. Esta ruta tiene la especial particularidad de transcurrir entre inmensas extensiones de naranjos y limoneros, y si hacemos nuestro viaje cuando estos árboles estén floreados, el aroma flor azahar se puede sentir a la par de la brisa cálida en el rostro.

Mientras más nos acercamos a la frontera de Castellón y Tarragona (Sur de Cataluña), más nos damos cuenta que todas las grandes infraestructuras del boom inmobiliario van desapareciendo para dar paso al entorno rural de esa España típica de publicidad de agencias de viaje. En cierto modo,  esos trechos más extensos sin interrupciones y el contraste de la sierra por el poniente y la costa por el oriente dan un aire dramático a la conducción e invitan a sentir el camino como pocas veces podemos hacer.

Estamos a un paso de entrar a Catalunya y nuestra conducción no tiene más interrupción que las propias ganas de detenernos para ver el auto con el atardecer de fondo.

La semana que viene terminaremos esta serie de reportajes por el Mediterráneo español con la tercera parte: Costas de Cataluña

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