Auto de segunda, kilometraje o edad

Si se encuentra comprando auto quizás se enfrente a esta pregunta, existen diferente factores esenciales y determinantes a la hora de escoger un auto de segunda. Los vehículos usados ​​más nuevos suelen costar más que los más antiguos, ya que suelen tener menos desgaste. Y los usados ​​con menor kilometraje suelen costar más que los de mayor kilometraje. Tiene sentido, ¿verdad? Pero, ahora bien, exploremos lo que es más importante. ¿Es más importante tener en cuenta el rodaje o la edad?

No existe una guía completa para comprar auto de segunda mano, pero si podemos ayudar con algunos consejos a tomar una buena decisión. Hay quienes evalúan muy bien el aspecto del kilometraje con el modelo. Como todo en la vida, depende, porque un vehículo con 10 años o más bien cuidado puede ser tan fiable como uno casi de estreno que no tiene al dueño más delicado.

¿Qué nos dice el kilometraje?

El kilometraje suele ser uno de los motivos primordiales por el que nos guiamos en el momento de comprar un auto de segunda. El número, aunque puede ser alterado, nos indica que tanto uso se le ha proporcionado al rodante. Un automóvil con 50.000 kilómetros tiene un desgaste diferente al de 150.000 km. Lo más interesante de este dilema es entender que no es lo mismo 50.000 kilometros sin un adecuado mantenimiento que 150.000 con una rutina de mantenimiento estricto.

También es importante conocer donde ha recorrido este kilometraje, si ha vivido en la ciudad, en un poblado, o si realiza con frecuencia viajes por autopista. ¿Lo han usado en circuito? ¿Su propietario ha sido cuidadoso con él y tiene el mantenimiento pertinente? ¿Por cuántas manos ha pasado? Todas estas preguntas sirven para averiguar qué tipo de vida tuvo el vehículo. Si ha sido maltratado a lo largo de los años, mal mantenido o ha sufrido un accidente y la reparación, es probable que tenga que hacer frente a varios dolores de cabeza antes de su compra.

¿Qué nos dice de la edad?

La edad del carro en consideración también merece darle una vuelta. Los vehículos usados ​​que son más nuevos y tienen menos rodaje pueden estar bien posicionados, un Km 0 o un seminuevo con menos de 25.000 km puede ser el más interesante como opción de compra, lo más difícil es encontrar ejemplares con poco tiempo y uso. Es ahí donde entra el punto clave más allá del kilometraje y la edad: el mantenimiento.

Al revisar el libro de mantenimiento de un vehículo se obtiene una imagen clara del verdadero uso del rodante. Se puede observar cómo va a funcionar a medida que envejece. Un auto con unos registros de servicio detallados que muestren que el vendedor ​​lo mantuvo de forma rutinaria ofrece una ventaja sobre aquellos que no brindan dicha atención. Hacemos hincapié en que no es una garantía de exención de fallos, pero sí que puede saber qué es lo que probablemente le toque en un futuro (como un cambio de embrague o la distribución).

Historial de servicio y mantenimiento

Debe sopesar el kilometraje y la edad de cada vehículo, pero el factor más importante a la hora de hacerse con un modelo de segunda mano está en el libro de revisiones y en su historial de mantenimiento. Eso sí, aunque todo esté aparentemente en orden, nunca está de más que un mecánico certificado lo inspeccione antes de lanzarse a comprarlo. Porque podría llevarse a casa un auto de dos años con 50.000 kilómetros, pero si el dueño anterior fue duro con él y no lo cuidó, entonces no demora mucho en mostrar signos de desgaste antes de lo esperado.

Cualquier pieza puede romperse prematuramente en estos casos, por lo que una inspección es clave. Especialmente en aquellos que han disfrutado de una estresante vida urbana, con innumerables detenciones y acelerones. En este entorno, el auto experimenta mayor desgaste en sus componentes esenciales, tales como los frenos, la suspensión, la caja de cambios y hasta el propio motor, frente a uno que prácticamente no ha salido de la autovía.  Realmente todo se reduce a cuál es el mejor auto que puede obtener con el presupuesto marcado.

Esto mismo ocurre, pero ampliado exponencialmente, si el vehículo ha sido llevado asiduamente a un circuito. Allí, todos los componentes siempre rinden al máximo, por lo que el estrés al que están sometidas dichas piezas es increíblemente alto y, consecuentemente, el riesgo de una falla prematura es más elevada. Afortunadamente, muchos de los propietarios que acuden a la pista de carreras suelen llevar un buen mantenimiento de sus máquinas. Sin embargo, su kilometraje, aunque sea extremadamente bajo, es lo suficientemente duro como para estar más pendiente.

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